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Yo no canto cumbia (parte 1)

Recomendación: Acompaña tu lectura con “Elsa” de Los Destellos (Canción al final del texto).

Prefiero las canciones cursis y fresas, aquellas que son fáciles de tocar en el piano. También he cantado boleros y criollos, más que todo para mis abuelos, porque ellos odian la música que yo suelo tocar, solo porque es en inglés. La salsa también me llama la atención, no la puedo tocar porque me sale muy balada, pero, una vez puse un karaoke y canté, no es por alagarme pero me salió bien.

He estado reflexionando acerca de que canción podría ser la elegida para incursionar en este nuevo rubro misterioso y lejano. Estaba pensando en un clásico, sería interesante. Eso sí, estoy segura de que sea cual sea la canción, tendré que subirle como mínimo una tonalidad, a menos que la cante una mujer y que lo haga agudito como yo.

La semana pasada me descargue un nuevo playlist en Spotify: The Roots of Chicha. En este he podido conocer algunos antiguos éxitos de este género tan diverso. Elsa Elsa he estado cantando toda la semana, tengo que aceptar que esa es la canción que más me ha gustado, creo que porque ya la había escuchado antes. El punteo de la guitarra también hace bastante, dice un paparáparáparápa. Me he dado el trabajo de descifrar sus notas, aquí van: Re Re Re Fa La Fa La La, qué éxito.

Otro tema en el cual pensar: ¿Y cómo será mi incursión en este nuevo género musical?

A mi amiga Mayra se le ocurrió una arriesgada e interesante idea. Me dijo ayer: Milena, ¿y si vamos a los micros?

Así empezó nuestra aventura por las grises pistas de Lima. Solamente una voz, un poco de ritmo, y mucha gente en frente con diferentes rostros.

Quedamos en encontrarnos a las 9, pero como es costumbre en este hermoso país, fue a las 10 recién cuando nos reunimos. Mayra estaba nerviosa, yo también, por supuesto, pero como había practicado la canción unas cuantas veces en mi piano, decidí sentirme segura.

¿Qué hacemos? – Me dijo; yo respondí – Hay que subirnos a un micro he ir a Kennedy, si al final no me animo a cantar, hacemos algo allá. Y así fue, nos embarcamos en un gran autobús marrón que nos llevó derechito hacia nuestro destino. Al entrar estuvimos paradas un rato, pero mientras más avanzábamos, el micro más vacío quedaba. Me senté detrás de ella, que seguía indecisa. Mayra yo haré el ridículo, no te preocupes – Le dije con una enorme sonrisa en el rostro, supongo que eso la convenció, porque un rato después pasó todo.

Continuará…