Canciones de vida

A lo largo de mi vida he pasado por varias etapas y canciones.

Mi mamá me cuenta que, sin duda, mi canción favorita cuando tenía recién algunos años de vida era “Happy Birthday to you”, y sí, en ingles, porque yo me creía bilingüe.

Una situación similar ocurría en épocas de navidad, cuando no podía parar de cantar “wi wis yu a weri drismas”, que se suponia todos entendian como”We wish you a mery christmas”.

Siempre tuve una debilidad por lo gringo, quién sabe por qué. Eso, sin duda, empezó a ser más notorio a medida que iba creciendo. Yo fui el ejemplo perfecto  de una niña Disney. Era Hanna Montana, Gabriela montez, sharpay Evans y Mitchei Torres al mismo tiempo.

La primera canción que realmente aprendí en ingles fue Butterfly fly away de la película de Hanna Montana. Entre las preferencias musicales de Milena de 8 años estaban Star of something new, This is me, Cruella de vil, Magic, e infaltables, los éxitos del grupo néctar, que tras su accidente, llegaron a su auge.

Pero entre el 2007 y 2010 consideré como primeras opciónes en mi playlist canciones como chiquitita de ABBA, Andar Conmigo, Me voy y Lento de Julieta Venegas o La camisa negra de Juanes. Todas estas melodías llegaron a mis oídos gracias a mis padres, que las ponían sin fin en los viajes de carretera que hacíamos.

A lo largo de los años también tuve una influencia del Reegae, ya que algunos amigos empezaron a escucharlo, cosa que imité. Fue un lapso corto pero que me está ayudando actualmente.

Ya más grande conocí más a fondo YouTube, que resultó ser la razón por la cual conocí a Katty Perry con Hot and Cold, a Taylor Swift con Love Story y a los amores de mi vida por mucho tiempo, One Direction.

Esos 5 chicos britanicos me llevaron directo a vídeos de concursos como The X Factor (de donde salieron), donde viendo audiciones conocí temas como: Feeling Good, Hallelujah, Aint No Sunshine y más.

Ya a los 13 años llegaron a mi vida cantantes como Bruno Mars, Adele, y la que es ahora mi primera opción a la hora de reproducir música, Ariana Grande, sin duda, una de las pocas cantantes por las que pagaría por ir a ver.

A esta edad también reviví canciones que había escuchado en mi infancia y no les había prestado tanta antención, como clásicos de los Beatles, The Police, Bryan Adams, Queen y más.

Para finalizar este pequeño relato, responderé una pregunta que muchos me hacen cuando voy a cantarles música peruana: ¿Y de dónde tu influencia de Huaynitos Milena?

Bueno, a lo largo de toda mi vida he escuchado, indirectaente, a William Luna, Max Castro, Los hermanos Gaitan y más, debido a que era música que le gustaba a mi papá. Debido a eso, cuando ya crecí me dí con la sorpresa que me sabia todas esas canciones que chibolos de mi edad no conocen, y use esa fortaleza para crear lo que soy ahora.

Fluye

Cuando suena tú solo fluyes, fluyes como el viento.  Tu cuerpo se ablanda y hace movimientos.

Parece que te caes pero estás más estable que nunca, solo te mueves al ritmo de la emoción y del sentimiento.

Tus brazos de levantan y vuelven a bajar, tus ojos se cierran y tu sonrisa se hace ver. No te importa quien está al lado, en el salón solo estas tú, volando en un cielo de nubes de colores que chorrean sonido.

Fluye, fluye y fluye, no es necesario aparentar nada, crear lo que no existe, todo es natural del alma. Una conexión, el sonido entra por tus oídos directo al corazón, como una inyección.

La música hace magia, hace que las montañas se empiecen a mover. No sé si es dios, pero hace milagros. Junta almas de diferentes formas y las encaja como un rompecabezas de donde nace lo extraordinario.

Es un medio de expresión, de desfogue y de placer. Goce, hace que goce hasta el último pelo de tu ser. Al escucharla tu cerebro se llena de luces de neón y tus neuronas producen chispa.

Así que ¿por qué no lees lo demás con un poco de ritmo en tus ojos? Ponte una rolita que fluya por tu cuerpo como si fuera tu misma sangre.

Cierra los ojos por un momento y deja que el aire fluya por tus dedos, que pase por tu cuello, que roce tu nariz.

Eres un canal de energía, deja que por un momento no haya ningún peso en tu espalda, libérate, suelta todo lo que lleves e imagínate que estas en un espacio infinito, nada te va a pasar.

Pierde el control, déjale la responsabilidad al destino. Llénate de una vibra de colores, deja que fluya por tus venas, por el aire, que entre el por cada poro de tu ser.

Ahora recuéstate, chorrearte como el agua y piensa. Piensa en nada y percibe todo.

Tomate tu tiempo.

 

Estrategia

La música y el talento pueden ser puntos de ingresos monetarios y de éxito, pero para esto, al igual que con cualquier otro producto, se necesita un análisis y la creación de una estrategia.

A continuación analizaremos dos audiciones de canto exitosas y los factores que contribuyeron a su triunfo.

Feeling Good – Carly Rose Sonenclar

Carly Rose Sonenclar, una niña norteamericana de 13 años que audiciona en el famoso programa The X Factor. Llega de lo más tranquila al set,  segura de lo que tiene preparado y de lo que es capaz. Su corta edad, su humildad y su falta de vergüenza son factores esenciales que influyen en el éxito de su presentación, pero más que eso, la sorpresa. Feeling Good es una canción construida para ir en ascenso y terminar en climax. A penas abre la boca sucede lo inesperado, y eso hace que lo bueno se vuelva extraordinario. El factor sorpresa es un punto importantísimo a la hora de querer convencer o cautivar a alguien sobre algo.

Juanse Laverde – Como mirarte

Juanse, un niño de 11 años que cautivo en La Voz Colombia, tanto así, que llego a ganar el primer lugar del programa completo. Su audición fue determinante para su éxito. Un niño pequeño, carismático, con un color de voz particular y dulce, y con un nivel interpretativo extraordinario. Se presentó con la canción “como mirarte” y con un objetivo claro, llamar la atención de Sebastián Yatra. Este pequeño cautivó a todos en el lugar, y tras la publicación de su video, consiguió hacerse viral en las redes. Al igual que en el ejemplo anterior, un punto importante en la presentación de Juanse fue su seguridad. A su vez, el manejo de sus volúmenes y el dinamismo del tema fueron factores importantes a la hora de impresionar. El pequeño supo cómo distribuir sus atributos y lograr un balance perfecto.

 

 

Yo no canto cumbia (parte 3)

Hago arte desde muy pequeña, canto, dibujo, a veces bailo y, antes me creía actriz y modelo. La primera canción que canté frente a un gran público fue  una de las más fresas de la historia, claro, de mi película favorita en esos tiempos: High School Musical. Era yo, Milena, una niña chiquita y un poquito regordeta, con unos cachetes enormes y dos colitas, frente a unas 200 personas. Yo me sentí una estrella en esos minutos que sostuve el micrófono, cada palabra tubo sabor a oro.

9 años después estoy aquí, en un micro marrón que me lleva directo desde mi casa hasta la avenida Larco, tratando de cantar una canción antiquísima frente a unas 15 personas, de las cuales, unas 3 están dormidas y otras 5 piensan que su celular es más atractivo que yo.  Tenía los ojos dando vueltas por todo el lugar mientras cantaba, las manos un poco sudorosas y el pelo totalmente desordenado. Llevaba puesto un pantalón de hippie y mi popular chompa blanca, bueno, que solía ser blanca. Fui vestida como vagabunda, o eso traté. Quise entrar en personaje, no parecer una desubicada. Lo del pelo no fue parte del plan, es algo ya común en mí.

Llegue a casa, después de mi viaje y unos ravioles feos que comí en la cafetería de la universidad, con una nueva idea. Para mi buena suerte, al entrar me topé con la grata sorpresa de que mi mamá había vuelto temprano a casa. Así fue como le canté por segunda vez en el día a Elsa, pero con mi otro amigo, mi piano.

La verdad, muchas veces, por tratar de no equivocarme mientras toco las teclas, pongo una cara de muerto viviente. También suelo alentar las canciones, hacerlas más baladas y menos bailables. Por lo tanto, creo que cada vez que  toco el piano parece que estuviera molesta y, además, que me hubiera picado un caracol.

Con Elsa, la cosa cambió un poco. Mis dedos se movieron más rápido de lo normal y mi mente incitaba a mi cuerpo al movimiento. Mis dientes salían a la luz cada vez que cambiaba de acorde y mi pelo, bueno, seguía desordenado.

Entonces, analizando un poco la situación, concluí: ¡La cumbia es música de goce!

La cumbia peruana.

No importa si la tocas con una guitarra eléctrica, una orquesta, un piano viejo o si simplemente la cantas, porque es como un virus. Es como si la vida se pusiera al límite de saturación por un rato, logrando colores fuertes y chillones, pero alegres e hipnotizadores.

Ahora, después de todo lo pasado, puedo afirmar, con mucho entusiasmo, que me gusta la cumbia peruana. Cada vez que la escucho es como si nadara en un mar de pintura fosforescente que contrasta con un cielo oscuro y brillante. Me da satisfacción. Por eso, prometo hacerle un espacio a Elsa y  a algunas otras de sus amigas en mi menú de canciones fresas, porque siempre es bueno una renovación.