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Reflexión #2: Relaciones y su complejidad

 

¿Como será sentirse amado?, que alguien que amas te abrace, y te bese con amor. Uno cree que el mayor problema en el amor es que la persona que amas te ame, que te digan que no, que te rechacen, no gustarle a un chico, son las peores pesadillas para muchas. Tenemos miedo a salir lastimados, que nos explote el corazón de tristeza, da miedo el amor, da miedo el no, el rechazo, la soledad, la tristeza, pero en realidad no nos damos cuenta de que el verdadero miedo no es al no, es al sí, porque después del sí es cuando empiezan los problemas.

Asimismo, una de las cosas más difíciles de las relaciones es saber exactamente que quiere la pareja de uno y con uno. Cuando alguien te trata mal, te preguntas ¿por qué lo hace?, ¿qué he hecho mal? o por el contrario, cuando alguien te trata muy bien desconfías y te preguntas ¿qué quiere en realidad? Nunca se puede estar totalmente seguro de que es lo que quiere o siente el otro y esa incertidumbre genera una especie de angustia. Así, empezamos a dudar y a tratar de crear posibles respuestas en nuestras cabezas, jugando a las adivinanzas como si fuéramos niños, adelantándonos a los hechos y sacando conclusiones rápidas.                                                                                                                        

Angustia mucho no saber que quiere el otro de nosotras, nos inquieta y perturba. Por eso, nos volvemos desconfiadas, nos ponemos a la defensiva, tenemos miedo y asumimos con naturalidad que las intenciones del otro no son buenas, que nos van a hacer daño y por eso, damos un paso atrás antes de siquiera intentarlo.  Es el común denominador que tenemos no solo las mujeres, ahora los hombres también.  Entonces, ¿por qué siempre caemos en la trampa de dar respuestas apresuradas?

Es una pregunta que siempre se me ha pasado por la cabeza. Prejuzgamos muy rápido. Una mala experiencia, como cruzarnos en el camino con la persona equivocada, en el momento equivocado, nos hace aferrarnos a la idea de no dejarnos querer. Aveces sucede también, que tratamos de forzarnos a sentir algo que en realidad no sentimos para hacer felices a otros, pero en realidad nos engañamos y terminamos dañando a quienes de alguna forma nos importan. Pues bien, una relación no debería ser así, debería haber un balance justo.

No porque la sociedad diga “todos los hombres son iguales”, debemos realmente creernos ese cuento. Una mujer tiene capacidad para reconocer al ojo quien le conviene y quien no. Habrán chicos buenos, como otros con malas intensiones. Sin embargo,  si una relación no funciona, ambas partes están fallando pues debe ser de a dos, esa es una de las principales razones para las típicas rupturas. Confianza,  parece ser la palabra mágica y el detonante de las relaciones. Es la clave de todo.

Creo que finalmente, tenemos que darnos el chance de conocer, experimentar y luego juzgar pues la vida puede sorprendernos como quizás no,  el truco está en aprender de los errores. Somos jóvenes y tenemos una vida por delante, no hay que cerrarnos a la idea de “querer” pero tampoco a forzarnos a sentir algo por complacer a alguien más. Hay que encontrar un balance perfecto.